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Estoy en mi ciber preferido, el más oscuro e íntimo que he visto nunca, con habitaciones separadas por muros de color rojo oscuro decorados con carteles de cine y cuadros raros, lleno de gente que navega tranquilamente, sin gritos. Además, es de unos argentinos, y están sonando Piratas: "Ultrasónica". Si no estuviera tan preocupada, sería un momento mágico.
Estoy totalmente abstraída por El código Da Vinci, no puedo parar de leer, hacía mucho que esperaba que me volviera a pasar. Me ha devuelto mi pasión por los detectives y las investigaciones. El arte, el Renacimiento, Leonardo, los lados oscuros de la Iglesia,...todo eso que me hace revolverme por dentro de alguna manera u otra. Me tiene atrapada. Me pongo los cascos de mi nuevo discman con mp3, (es que he encontrado una oferta en mi tienda que no podía dejar pasar teniendo en cuenta que llevo meses con el discman estropeado), me siento cómodamente, ignorando la cutre-tele de todos los días, y devoro letras sin parar.
Acabo de mirar para atrás y me he dado cuenta de que en la habitación del ciber en la que estoy (hay dos filas de cuatro ordenadores cada una, enfrentadas), somos cuatro personas sentadas en cada una de las esquinas, quizás todos han pensado como yo: en la esquina hay más intimidad (más de la que da la oscuridad del ciber de por sí), a un lado no hay nadie. Gente huyendo de la gente, gente buscando intimidad en un sitio lleno de gente, hablando virtualmente con otras gentes con las que se reunirán en breve o algún día o nunca. Intimidad virtual. Hipocresía virtual en un mundo fantasma. Aunque queramos estar solos, no nos dejan, vivimos en un pedrusco flotante lleno de otros como nosotros, no podemos escapar de aquí. Escapar no es huir, escapar no es rendirse, escapar es librarse del fin en el último segundo, huir es salir corriendo antes de lograrlo.
Acaban de poner Fin de La Primera Parte. Cada vez me está gustando más esto...ahora no me voy a querer ir...ya sé lo que voy a escuchar ahora en el discman. Piratas, Piratas, Piratas...ah, ¡cuánto tiempo! Prometo que a partir de ahora lucharé por cambiar...promesas que no valen nada, nada, nada, nada.
Estoy totalmente abstraída por El código Da Vinci, no puedo parar de leer, hacía mucho que esperaba que me volviera a pasar. Me ha devuelto mi pasión por los detectives y las investigaciones. El arte, el Renacimiento, Leonardo, los lados oscuros de la Iglesia,...todo eso que me hace revolverme por dentro de alguna manera u otra. Me tiene atrapada. Me pongo los cascos de mi nuevo discman con mp3, (es que he encontrado una oferta en mi tienda que no podía dejar pasar teniendo en cuenta que llevo meses con el discman estropeado), me siento cómodamente, ignorando la cutre-tele de todos los días, y devoro letras sin parar.
Acabo de mirar para atrás y me he dado cuenta de que en la habitación del ciber en la que estoy (hay dos filas de cuatro ordenadores cada una, enfrentadas), somos cuatro personas sentadas en cada una de las esquinas, quizás todos han pensado como yo: en la esquina hay más intimidad (más de la que da la oscuridad del ciber de por sí), a un lado no hay nadie. Gente huyendo de la gente, gente buscando intimidad en un sitio lleno de gente, hablando virtualmente con otras gentes con las que se reunirán en breve o algún día o nunca. Intimidad virtual. Hipocresía virtual en un mundo fantasma. Aunque queramos estar solos, no nos dejan, vivimos en un pedrusco flotante lleno de otros como nosotros, no podemos escapar de aquí. Escapar no es huir, escapar no es rendirse, escapar es librarse del fin en el último segundo, huir es salir corriendo antes de lograrlo.
Acaban de poner Fin de La Primera Parte. Cada vez me está gustando más esto...ahora no me voy a querer ir...ya sé lo que voy a escuchar ahora en el discman. Piratas, Piratas, Piratas...ah, ¡cuánto tiempo! Prometo que a partir de ahora lucharé por cambiar...promesas que no valen nada, nada, nada, nada.
Lunes, 24 de Mayo de 2004 17:47 #.



















