eSo Que LLeVo DeNtRo
Bowie en mis oídos. La noche se presenta solitaria y tranquila, la oscuridad me envuelve, mis pensamientos vuelan sin detenerse, como es usual, en nimiedades, ahora son claros, no albergan dudas: Eso siempre tuvo que decirlo ese personaje y ningún otro. Estuvo ahí desde siempre ese adjetivo, cómo no se me ocurrió antes. Y aquel momento inolvidable, cómo surge de la nada como si también yo lo hubiera vivido con vosotros entre guiños de humo gris, arena de un desierto y noches sin dormir rompiéndonos los cuernos por una sola palabra que consiga sacarnos afuera, al mundo, al papel que nos de vida a vosotros y a mí. Gobernáis mis momentos de inspiración con vuestros quebraderos de cabeza y vuestras preocupaciones. Aquí estoy, sentada frente a las teclas con las que hablo de verdad como sólo consigo hacerlo con ellas, o quizás también con algún androide de ojos marcianos en tardes de vigilia perezosa y cafés compartidos despacio.
Asfalto es una palabra dura, como el carbón de los Reyes Magos -pero el malo, no el que se come-, implica negro y pisadas, recoge almas que arrastran redes con desperdicios, lo que ya nadie necesita, y los llevan lejos a través de las calles y miran desde lo alto lo que ya nunca tendrán por haber cargado con la mierda de los demás. Yo no quiero ser una perdedora, no quiero mirar atrás y ver lo alto de mi vida allá lejos, quiero tenerlo de frente, quiero mirar cara a cara a los Eternos, quiero besar la Belleza efímera y perecedera, tumbarme en ese asfalto y hacer de él mi colchón más cómodo, mi escuela, y desde allí, tumbada bocarriba a lo Tom Sawyer con espiga en la boca, mirar al cielo sin techos.
Mi afán me desborda en momentos como éste, mi ansia de ser por fuera, para los demás, lo que soy para mí misma por dentro. Quiero que me veáis de verdad, como sólo yo me estoy viendo...



















