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Aunque sea sólo por esta vez, piensa Z, voy a desbaratar la rutina, escaparé de mis hábitos convencionales, aburridos, predecibles, sistematizados por un temor social y congénito que me impone normas invisibles e idiotas.
En torno a esto discurre Z delante del espejo mientras se ajusta la peluca platino. Los pantalones, de un amarillo plastificado que fulge y que reluce, le quedan prietos. La camiseta lleva serigrafiado un mensaje de grandes caracteres: Sé tú mismo.
Con un ágil movimiento de los brazos Z se enfunda la cazadora que ha comprado para la ocasión. Cosidos al tejido gualdo hay cientos, miles de espejos minúsculos que reflejan un mosaico cambiante del cuarto de baño en el que se encuentra. Z se calza con diez centímetros de plataforma amarilla y ríe para sí. Esta vez va a mandar a paseo a la mujer y a los niños, las conversaciones sobre fútbol, las aburridas partidas de mus con los compañeros de trabajo. Ya sólo restan los últimos detalles. Se enmascara detrás de las gafas de espejo, se coloca la nariz de payaso teñida de amarillo y coge la flor: un girasol de enormes dimensiones. Ya está pertrechado para salir de nuevo al museo. Hoy domingo el Prado está atestado de gente.
Un rumor recorre las salas en las que entra Z. La perplejidad de los vigilantes le hace sonreír, los comentarios cuchicheados, mira ése, mira ése, lo estimulan y alimentan su dicha. Ha dejado de ser ese hombre gris, encorbatado e invisible, que vacía su vida junto a X e Y, un par de amigos cenicientos, tan aburridos como él, con los que sólo habla de tasas escolares y letras del banco.
A pesar del maquillaje se percibe el estupor de Z. Se ha quedado petrificado en la sala de las Meninas, el girasol se le ha caído al suelo cuando han entrado, al mismo tiempo que él, otras dos figuras amarillas en la sala: las mismas pelucas rubias, las narices de payaso, los zapatos de plataforma, el girasol gigante. Debajo de esas dos impensables figuras que han irrumpido al mismo tiempo que Z en la sala, X e Y se asombran a su vez, desolados.

(De Cuentos de X, Y y Z de F.M.)

Porque aunque nuestros pensamientos sean únicos, hay más gente que los comparte.

Lunes, 06 de Marzo de 2006 13:27 Autor: nUhN. #.

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