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39 grados de fiebre. Mi día, compuesto por los sucesivos despertares de la condena que el Rey Sueño ha planeado hoy para mí. Y pienso en todo lo que podría ser, cómo ordenarle a mi mente lo que quiero que medite y lleve a cabo, no tengo ya la misma mirada de inocencia pero sí las mismas ideas que difundir. Aleatoriamente voy cogiendo momentos de este día del infierno, para quemarlos y hacer con ellos una hoguera de las cosas que quiero dejar atrás, como la desidia, el aburrimiento, el pesimismo, las uñas comidas en los malos momentos, ... ¿Dónde quedaron aquellos cuadernos repletos de preguntas y de historias que yo llenaba sin esfuerzo cada día? A mi lado caminan los buenos recuerdos, las palabras que un día alguien dijo para animarme. Todo lo que quiero que se quede, que no se vaya nunca. Sus ojos, en los que me veo mejor de lo que soy en realidad.
Para sentirme mejor siempre recuerdo cuando de pequeña iba las tardes de verano a tirarle gusanitos risi o pan a los patos de la Alameda y mi abuela me llevaba cogida de la mano, parecía que todo iba a ser así siempre, el sol de la tarde que en mi calle siempre da de frente y te impide mirar a dos pasos por delante sin gafas de sol, el ventilador, el sudor al sentarte en los sillones de escay del comedor, el jugo de la sandía resbalando por mi escote aún plano, El coche fantástico en el televisor sin mando a distancia, el banquito chiquitito donde hubo tantas confesiones e ilusiones, (de esto sabe mucho solbeal, ¿no es cierto?), los sábados o domingos en el pueblo de mi madre cogiendo castañas en invierno y pinchándonos los dedos con los erizos, los renacuajos del estanque, la viña de los cerezos con el suelo en pendiente extrema, mi padre resbalando por ella y yo agarrada fuertemente al tronco sin poder hacer ni un sólo movimiento sin riesgo de salir rodando pendiente abajo, el sol tras los riscos indicando la hora de volver, McGyver al llegar a casa con super merienda. Los domingos en que tocaba pintar el comedor y yo tumbada en un sofá cubierto con una sábana mirando un librito sobre los museos en España del que recuerdo la máscara de los médicos de la peste y el mal rollo que me daban. La cena después era más blanca y con olor a pintura reconcentrado, las voces sonaban a eco. El Cuentacuentos al salir de la ducha tardía de los sábados. La mirada de mi abuela, siempre orgullosa de mí.
Y sin gran esfuerzo llenaba cuadernos contando todos estos sucesos tan importantes para el futuro recuerdo...

Miércoles, 08 de Marzo de 2006 21:06 Autor: nUhN. #.

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Autor: solbeal

hola, espero que te sientas mejor de tu fiebre. Gracias por acordarte de mi y de nuestro banquito chiquito, que grandes recuerdos. En esa época para mi siempre salia el sol. Espero que el sol vuelva a salir en nuestras vidas. Un besazo.

Fecha: 11/03/2006 21:44.


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