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biEnVeNiDoS aL eSpeJo dE nUhN

La LiTeRaTuRa dE F.M.

Retrato de F.M.

 

Levantar la cabeza al final de un párrafo como si te hubieran acribillado, como si entre las letras todavía humeara el arma de tu asesino; soltar un taco (qué hijo de puta) porque las frases te han metido el dedo en las heridas; leer como un cazador, como una presa acorralada; atemorizarse por las coincidencias con los más íntimos pensamientos; leer como si te arañaran, como si te acariciaran; repetir en voz alta la frase que acabas de leer, necesitarlo, obligar a que recorra la garganta, se cuelgue de la lengua y haga trapecio en los labios, para que suene, para que atraviese otros orificios su extrema contundencia; leer a doscientos metros de profundidad o a tres mil pies de altura; encajar las frases como puñetazos en el estómago; telefonear, sin importarte la hora, para descerrajar un párrafo en el auricular; desear, apasionadamente, que el autor entre por la puerta y se siente a tu lado; y también cuando, al cerrar el libro, notas el hambre, la sed, el cansancio, el sueño, y suspiras: ya está bien y no puedo más y basta.

Debajo de la ciudad existe un tiempo que no es el tiempo, sino la espuma de la baba del tiempo; el sucedáneo oscuro del tiempo que rezuma por las alcantarillas de los túneles negros.

La mujer que acaba de leer el párrafo anterior viaja en un vagón de metro. Sólo cuando el ruido de los raíles resuena en una bóveda más amplia, levanta la cabeza, repara en el nombre de la estación, y vuelve al libro. En uno de esos intervalos advierte que un hombre con gafas se ha sentado en el asiento de enfrente. Continúa leyendo.

Unas líneas después la mujer alza la mirada. En este caso el vagón está en un tramo intermedio, y ella no intenta descifrar por las ventanillas el nombre de ninguna estación, sino que mira fijamente al hombre con gafas. Vuelve su cabeza a la página. Sus pupilas se dilatan. De línea en línea levanta la cabeza para escudriñar al hombre con gafas. Al final del párrafo tiene que decirlo.
-Oiga, usted está en este libro.
El hombre la observa como si no la entendiera.
-Mire, léalo usted. Aquí -la mujer tiende el libro mientras señala con el dedo un lugar intermedio de la página-. Ve, la misma camisa, el mismo pelo, las mismas gafas, están todos los detalles. Estoy segura. Usted es la persona que está descrita en esta página.
-Bueno -contesta por fin el hombre-. ¿Qué quiere que haga? Si lo que desea es verme sin gafas...
Con aire cansado se quita las gafas y se frota las sienes. La mujer parece tranquilizarse. Retoma la lectura.
-No puede ser, no puede ser -dice un párrafo más tarde.
El hombre sonríe, educado.
-¿Qué ocurre ahora?
-Que se ha quitado las gafas, por Dios, lea, se ha quitado las gafas, y ha hecho el mismo gesto que usted.
La gente que rodea al hombre y a la mujer se muestran interesados en el diálogo. Uno de ellos dobla sobre las rodillas el periódico e interviene.
-Pues léanos, léanos. Veamos qué es lo que va a pasar a continuación.
La mujer sigue leyendo. Pero en seguida levanta la cabeza.
-Esa frase está aquí -contesta al hombre del periódico, señalando una línea con el dedo-. Aquí lo pone.
El hombre del periódico coge el libro de manos de la mujer y lee. El resto de pasajeros del vagón se acerca hasta formar un corro alrededor de los asientos.
-No puede ser, nos está tomando el pelo -dice una señora con sombrero violeta que viaja junto al hombre del periódico.
-Mire, señora -replica el del periódico esquivando el sombrero-. No sólo está mi frase, sino la suya también, incluso el color del sombrero, aquí, violeta.
-Venga ya, déjeme ver.
Incapaces de contener la expectación, otros viajeros se vuelcan sobre el libro. La dueña trata de recuperarlo. Es inútil. Uno de ellos se lo quita a la señora del sombrero.
-Eh, eh, aquí salgo yo.
-Déjenme ver, déjenme buscarme -reclama otro.
Ya todos están de pie, y varias manos tiran del libro que se desencuaderna y vuela hecho pedazos. Los viajeros se señalan los unos a los otros.
-Este es usted, fíjese, no hay duda.
-A ver, a ver.
-Eso que ha dicho lo pone aquí, justo aquí, es increíble.
El único que no se mueve de su asiento es el hombre de las gafas. Tranquilo, se levanta con parsimonia cuando el metro se detiene. La dueña del libro advierte que el único que se baja es él, y que en el andén no hay ningún letrero con el nombre de la estación.
-Oiga, oiga -dice la mujer al cerrarse las puertas.
El hombre la observa sonriente. No contesta. La mujer se vuelve hacia el resto de los viajeros.
-Él es el que lo ha escrito, estoy segura, el de las gafas, el que se marcha.
Los demás corren hacia las ventanillas. Súbitamente, comprenden:
-Sáquenos de aquí, sáquenos de aquí.
-Hágame amar a otro, se lo ruego, hágame amar a otro.

(La Literatura según Ciclos de F.M. )

Cosas como ésta me hacen estremecer, hacen que mi corazón lata más deprisa tras cada palabra y que desee conocer a este hijo de puta de una vez, porque cada nuevo texto suyo que leo me reafirma una y otra vez que es el mejor escritor de este jodido país.

 

Martes, 04 de Marzo de 2008 20:45 nUhN #. sin tema

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gravatar.comAutor: Licantropunk

Buen relato. Tomo nota de ese autor con nombre de emisora de radio.
Saludos

Fecha: 15/03/2008 19:13.


gravatar.comAutor: nUhN

Te recomiendo 'Cuentos de X, Y y Z' por ejemplo para empezar. :)

Fecha: 16/03/2008 17:41.


gravatar.comAutor: Sarrio

Quizás no viste la entrevista que el arcaico Sánchez-Dragó le hizo en su programa literario 'Las noches blancas' una calurosa madrugada de viernes a sábado por motivo de su último libro 'Corazón'. F.M. tras aquella penumbra que difícilmente dejaba ver un pelo moreno, quizá corto en aquel entonces, pequeñas patillas, camiseta de manga corta y unos brazos que casualmente podrían haber visitado el gimnasio. Joven, vital, muy amigo de los suyos, apasionado de Dostoievsky y celoso, evidentemente, del aninomato. No se imagina en un vagón de metro siendo reconocido por uno de sus lectores. Esto es lo que recuerda a grandes rasgos mi memoria que quizá haya puesto patillas donde no las había o un pelo corto que no se alcanzaba a bien diferenciar.
Estuve un tiempo buscando el programa por internet para bajármelo pero no lo encontré. Fue un 8 de junio de 2007, según la web de Dragó.

Fecha: 27/03/2008 23:11.


gravatar.comAutor: Sarrio

Leches! cuánto quizás, quizás.

Fecha: 27/03/2008 23:19.


gravatar.comAutor: nUhN

Muchísimas gracias por tu comentario Sarrio. Buscaré ese programa a partir de ahora donde sea, no tenía ni idea de que F.M. había sido entrevistado en televisión. Lo que sí sé es que da cursos de guión para cortometrajes en Madrid. (Más información en hotelkafka.com).

Fecha: 28/03/2008 13:17.


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